Muñeca-Tube

“Y Dios, ¿dónde estaba Dios que permitía tanta ignominia?”

Inés Arredondo, Opus 123

Siento pánico. Les prometo que estoy a punto de hacer el video más difícil de mi vida. ¡Ayuda!

Qué tal mis muñequitas, bienvenidas una vez más a mi canal, Muñeca-Tube, donde hoy, como ya han visto, haremos un contenido totalmente diferente.

Primero que nada una disculpa mis niñas, sé que casi van dos meses y se han de preguntar, ¿dónde se habrá metido? Y como ya he empezado a escuchar algunos chismes y teorías descabelladas sobre mi supuesta desaparición, prefiero salir a aclarar todo.

Antes, a todas y todos los que se han preocupado de manera sincera por mí, ¡en verdad gracias! Les prometo que leí cada uno de sus mensajes de apoyo. No tienen idea de lo bien que me hacen, me dan ánimo sus buenos deseos. A mis Perdidas, muy especialmente a ustedes, Wendy y Paola, por salir en mi defensa, ¡se les quiere, caris!

Oigan pues que revuelo el hecho de haberme desaparecido… Sí, ya sé que me van a decir que así es el internet, pero en verdad se pasan, hasta videos con teorías sobre mi muerte… ¡Oh my god!

Luego otras más crueles anduvieron diciendo que yo tenía VIH, pero sí por favor. El miedo no anda en burro, queridas, dejen de quererme llevar en ese tren en el que me consta ya van algunas de ustedes. Sé muy bien quién subió mi foto en la clínica, vaya, regularmente me hago estudios, ya ven lo paranoica que soy, pero no pienso hacerle publicidad a una pobre infeliz sin quehacer.

Ya sé que muchas de ustedes saben de quien hablo, muñecas; pero en verdad no sigan y menos repitan lo que dice este tipo de gentuza, que lo único que buscan es joder vidas. Perdón que lo diga con esas palabras; pero en verdad que me enerva lo que son capaces de hacer con tal de ganar unos cuantos views, unos cuantos likes.

Para acabar con el tema, aquí están mis resultados. Como ven en la fecha, son los últimos, dejo sólo al descubierto mi apellido, Dueñas. No sé si se acuerdan, pero en el último video que les subí, les dije que apenas haría mi actualización de papeles; pero ahorita llegamos a ese tema…

Tampoco son drogas, ni me casé, háganmela buena, como afirmó un portal, que creía que lo hacía bastante bien, pero en ese momento cayeron de mi gracia. ¡Tache, tache, tache! Les prometo que no había hecho esta grabación por mi terrible ánimo, porque tampoco sabía cómo decirlo… y aún me cuesta pronunciar algunas palabras.

Pero aquí vamos…

…cri-cri…

…¿por dónde empezar, muñecas?

Supongo que confesando que me retiraré de las redes… al menos por un tiempo, queridas… Como bien han de suponer, en este tiempo sí pasó una turbulencia en mi vida, culpable de hacerme repensar todos mis planes. O al menos, tengo que empezar por asimilar algunas verdades, antes de poder regresar; y por lo mismo prefiero ser yo quien explique bien la situación, sobretodo para evitar que mis imitadoras y toda esa clase de chuscas que como no saben crear contenidos, se pongan a especular sobre mí para ganar popularidad.

Si les soy sincera, prometo que pensé en cerrar el canal y cuando todo hubiera pasado explicarles mis razones. Que pena que escuchen esta voz tan grave; tuve que dejar de tomar mis hormonas. Pero bueno, fue Aurorita, la única con la que tuve comunicación en este tiempo, la que me convenció, al insistirme con hacer este video, ya que me metió en razón de que tengo la obligación de decirles, por el sólo hecho de que puedo ser una inspiración para muchas de nosotras a superarse y quererse como son.

¿Y cómo le hago, cariño?, le pregunté. Y me responde la muy babosa, después de pensarlo un poco: «sé tú, Muñeca, la de siempre». Y yo así, de mira… que buen consejo, deberías de cobrar; pero para ser honestas, tiene razón. Por eso los efectos, las exageraciones, los malos chistes de siempre. Lo digo de manera explícita porque no quiero leer opiniones diciendo que me estoy burlando porque no lo tomo con suficiente seriedad.

Para nada, el tema es bastante grave, pero como soy yo la que lo vive, como sé que lo han hecho en ocasiones pasadas, les pido que en ésta eviten presumir de su ignorancia e intolerancia en los comentarios. Si sienten que les coarto su libertad de expresión ahí tienen un botón de dislike, que por desgracia no puedo desactivar.

Perdón por mi humor, muñecas, pero han sido días difíciles, incluso más a los que siguieron a mi reasignación.

Por cierto… Ya sé que no tiene nada que ver con el vídeo; pero como les dije, no voy a publicar por un rato; así que aprovecho porque son muchas las que tienen dudas, aquí un breve paréntesis…

Como les he contado, tuve un proceso de transición en verdad muy doloroso, por lo que muchas de ustedes me preguntan todo el tiempo, si se hacen la operación o no.

Yo lo que creo, idea que he repetido desde mis primeras publicaciones, es que si andan preguntando aún no están convencidas. Por otro lado, a las que están más seguras y tienen otro tipo de dudas sobre las consecuencias, como inducción las invitaría a ver mis primeros materiales, donde mes a mes les narro cada uno de los detalles de la recuperación, aquí en pantalla debe de aparecerles el link. Y si con eso se sienten más seguras les diría: sí háganla, vale la pena; pero siempre tengan claro que la transición no acaba con sus problemas.

En mi caso, me ha ayudado a enfrentarlos mejor; pero la inocente de mí, embobada yo creo que por las telenovelas de Thalía, que devoré a un lado de mi mami, que como saben en realidad es mi abuelita, pensé que la reasignación y poder tener sexo como una verdadera mujer eran mi final feliz y que lejos estaba. Ahora también les recomiendo a todas las que tomen hormonas que tengan mucho cuidado, háganlo acompañados de especialistas.

Perdón por desviarme, si tienen más dudas también les dejo el enlace con la lista de algunos ejercicios de dilatación, fundamentales durante el primer año.

Ahora sí, muñecas, regresemos. Como ven estoy un tanto nerviosa. No sé bien cómo empezar y creo que vale la pena recapitular desde que subí mi último video, donde les prometí que subiría todo lo referente a la actualización de mi nombre en todos mis papeles oficiales, por si alguien mas estaba en la misma situación. Momento en que también comenzó toda mi odisea,

cuando el sistema para imprimir mi acta de nacimiento me dice que no es posible tramitar mi solicitud, arrojando un teléfono para que me comunicara. Y yo así, de ¿what?

Para no hacer el cuento largo, primero me hacen ir a una oficina en el centro de la ciudad, donde por más que intentaron, no pudieron ayudarme. Total que concluyen que la única manera de poderlo resolver es yendo directamente a la oficina donde había sido registrada, obtener una copia certificada del acta y regresar con el documento.

Sí, la música de terror es necesaria…

Imagínenme cómo me sentí al saber que tenía que regresar a Guanajuato, la ciudad que más me había maltratado. Como les he contado, en mi niñez y juventud viví todo tipo de agresiones, empezando por las de mi familia, que me creían la reencarnación de Satanás mismo.

Lo cierto es que al volver a mi ciudad, a pesar de todo lo vivido, supe desde el primer momento que aún no había terminado conmigo, aún guardaba para mí una gran variedad de sorpresas.

¡TE ODIO, GUANAJUANJKNLDNL!

Como que desde el primer momento en que llegué perdí mi teléfono y el folder donde guardé la solicitud que me dieron en la oficina, que iba junto a mi credencial de identificación oficial, requisito indispnsable para recoger mi acta. Como bien han de suponer iba grabando todo, contando cada obstáculo que se me atravesaba con los que para nada contaba. Cuando quise dar detalle de lo difícil que había sido encontrar un cajero en la terminal, la había recorrido de pies a cabeza sobre mis inmensos tacones, fue que me di cuenta. No supe si los dejé en el camión, según esto no; o si los abandoné en el baño o cualquier otro lugar de la estación de autobuses.

Se los prometo, muñecas, terminé metiendo las manos en cada uno de los botes de basura rastreando mis papeles, ya que a nadie le eran útiles. Ya hasta tenía título para el video: “¡Ya soy Muñeca de manera legal!: todo lo que debes saber para cambiar tu nombre y género en documentos oficiales CDMX”.

Así que después de una larga búsqueda, imagínenme ahí derrotada en la central de autobuses sin saber qué hacer y con los tobillos más que hinchados. Iba sin maleta, nunca se me ocurrió que fuera a caminar tanto. Mi plan era tomar un taxi a la oficina, pedir el acta y regresarme, para comenzar el trámite y poder hacer el video; pero supongo me atolondré con tantas cosas en la mano. Afortunadamente conservé mi bolsa y mi cartera conmigo.

Tras pensármelo un rato, que en realidad sólo fue tomarme un tiempo para darme valor, no había otra salida, debía ir al que había sido mi hogar, casa de mi mami, en la que ahora vivía mi padre y su familia…

Creo que nunca he platicado sobre esto y lo hago sólo para que comprendan cómo me sentía, muñecas.

Apenas era una bebé cuando mis padres se fueron a vivir a los Estados Unidos, con la promesa de que un día me llevarían, hecho que nunca sucedió por infinitas razones, la más importante, la muerte de mi verdadera madre en un accidente, a los dos años de haberse ido, del que nadie nunca me dio detalle. A final de cuentas, mi padre rehízo su vida allá. Sólo regresó veinte años después, una semana después de que mi mami murió.

Cuando me vio, yo ya estaba toda igual, ya tenía mi busto y rostro operados, sólo faltaba la reasignación… bueno, quizás me vió más femenina, ¿verdad?, aún podía tomar mis hormonas…

Perdón por llorar, les prometo que en ningún momento lo hago para despertar piedad, al contrario, quiero ser fuerte ante esta y toda situación; pero tampoco quiero dejar de mostrar quien soy.

Me dijo cuando nos volvimos a ver que lo hacía sentir avergonzado. Nunca me presentó con Julia, su mujer, ni sus hijos, dos niños gordos del color de la leche como de seis y ocho años, que nada más al verme, como si fuera un fenómeno, se escondían.

Luego, el mismo día que llegó, me dijo que pretendían quedarse en la casa, a final de cuentas, afirmó, él la había pagado con el dinero que enviaba; pero que lamentablemente no me podía considerar en sus planes, como había previsto, porque tanto su esposa, que era presbiterana y él, que se había convertido, me consideraban una perversión para los niños.

De ahí ya conocen qué pasó, muñecas, pues fue cuando me fui a vivir con Aurorita, a quien en menos de un año la convencí de venirnos para acá a la Ciudad e México. Si no se saben la historia completa y quieren saber más debe de aparecer en pantalla el hipervínculo.

Perdón por divagar tanto, preciosas… pero quería que supieran cómo me sentía ante mi única puerta de salida. En ese momento pensé en todo, desde regresarme, pero dije que no, que no me vencería la ciudad, hasta en irme a comprar ropa, no sólo para hacer la visita a mi padre, si no que pensé que probablemente también la necesitaría para recuperar la identificación con mi nombre de nacimiento, esenciales para hacer el cambio. Pero después de la operación, me prometí a jamás volverlo hacer, por fortuna y por el frío no llevaba falda, que como saben, normalmente visto.

Intenté llamar desde un teléfono público, otra odisea para encontrar alguno que funcionara con monedas, pero el número que por años fue mío, había sido cortado, por lo que no tuve más opción que tomar un taxi e ir sin avisar a casa de mi padre y su familia.

Tras pensarlo un poco, me temblaba todo, queridas, toqué por fin el timbre, pero no apareció mi padre a la puerta, como había imaginado, sino uno de mis hermanos, supongo el más grande porque estaba considerablemente más alto de lo que recordaba. Le digo quién soy. A pesar de que me responde que sí me recuerda, se queda inmóvil viéndome a la distancia. Continúo explicando que busco a mi padre, su padre, contesta diciendo que no está, que se encuentra hospitalizado. Contesto que no me importa, que en realidad lo que estoy buscando son mis documentos, responde que entiende, pero que aún así tengo que esperar a que regrese su madre, que se encuentra en el hospital con él, por lo que probablemente no llegue esa noche.

¿Tan grave es?, alcancé a cuestionarlo, pero sólo respondió alzando los hombros, diciendo algo inaudible seguido del nombre de la clínica donde podía encontrarlos.

Ya han de imaginar la cara de la esposa cuando vio entrar a una mujer alta y despampanante a visitar a su moribundo marido.

Se tardó en reconocerme, pero aún así, de inicio me trató como si fuera una de esas amantes que se aparecen a la mera hora a exigir lo suyo. Tuvimos que salir para discutir. Ya cuando comprendió que no estaba ahí por cuestiones de herencia, cambió su actitud y me

prometió ayudar. Esa noche era imposible, mi padre entraba a operación y sentía que sus oraciones eran vitales tanto como el trabajo del doctor.

La verdad, muñecas, es que yo intentaba no involucrarme con aquel hombre; pero ser testigo de la condición del sujeto, entubado, vulnerable y sin fuerza en la cama, que a pesar de evitarlo, no podía dejar de llamar padre, me afectó mucho más de lo imaginado…

Pero aún así, traté de mostrar indiferencia, insistiendo en que sólo avisara a sus hijos, que ellos mismos fueran testigos de la indagación, pero se negó, ya que habían movido todo, no recordaba dónde. Antes de que me atreviera a decir algo más, con los dientes esforzándose por contener su coraje, carraspeó que así eran las reglas, que si no estaba de acuerdo me podía largar y resolverlo por mi cuenta.

¿Qué les digo, muñecas? Me enojé, claro; pero de inmediato tuve otra clase de sentimientos, la pobre se veía tan mal, tan acabada, que en lugar de reclamar, me dieron ganas de abrazarla. La había creído un demonio por como me trataba, pero me di cuenta, que tenía un alma buena y que la preocupación por ese débil ser, del cual yo creía que su muerte o no me era indiferente, era auténtica; por lo que la obedecí, yéndome a acostar al sillón, mientras ella permaneció toda la noche rezando…

…Perdón muñecas, por ponerme así; me tengo que desahogar. No había llorado la muerte de éste… mi padre… necesito cortar.

En resumen, apenas ayer pude regresar. No sé si fue Julia la que me adoptó a mí o yo a ella. Ésa primera noche me confesó que ambos veían mi canal. Tanto él como ella, me dijo con ternura, que habían comprendido que la naturaleza había cometido un pequeño error conmigo y que su plan era buscarme, pero casi al instante se enteraron de la enfermedad. De la que también habían previsto no informarme, al no creerlo necesario.

Antes de irnos del hospital, el doctor, que primero pensé me coqueteaba, ya ven muñecas, que los señores casados son mi especialidad, me preguntó si se trataba de mi padre, le respondí que sí. Continuó preguntando mi edad, a lo que quise darle mi teléfono. Él ocultó rápido su sonrisa. Como si fuera un juez, me anunció de algunos riesgos hereditarios del cáncer que sufría mi padre, los cuales en mi caso, debían ser revisados de inmediato, sin importar mi

edad, debido a la reducción de testosterona con la que vivía, principal potencializador del mal, aseveró.

Ya se han de imaginar la cara del pasante cuando vio la finalidad del tacto rectal que me habían ordenado. “Yo creo que también me quitaron la próstata, doctor, estoy lisita de ahí”, le dije jugando. La prueba fue bastante más rápida de lo que me imaginé, ni tiempo me dio de fantasear con el joven médico.

Y le pregunto, ¿entonces, doctor?, ¿estoy embarazada?…

Él se ríe; pero al mismo tiempo mueve su cabeza con resignación y cierta lástima y no necesita decir más, sólo me ordena otros estudios, que no hicieron mas que confirmar que hay personas como yo, con las que dios o la naturaleza se ensañan.

Deja un comentario