Zona Dorada

“Siempre me ha parecido inquietante la contigüidad que existe entre la crónica de sociales y la nota roja… Arquetipos opuestos pero complementarios, máscaras que deshumanizan a mujeres de carne y hueso, y que funcionan como pantallas en donde se proyectan los deseos, los temores y las ansiedades de una sociedad que se pretende un enclave de sensualismo tropical pero que en el fondo es profundamente conservadora, clasista y misógina.”

Fernanda Melchor, Reina, esclava o mujer

I

Las cosas cada vez van más extrañas, ahora resulta que es Lupe la que no aparece. Hace tres semanas fue Socorro, pero como era un poco misteriosa supusimos que se le había atravesado algún percance. Pero con la Lupe, yo ya empiezo a decirme que algo no está bien. Las dos de la misma manera, sin dar noticias. Dice su patrona que quizás regrese; pero lo dudo. Como Soco, la primera en desaparecer, Lupe también dejó sus cosas.

II

Ya va un mes que no hay noticias de Soco y una semana que no sabemos nada de Lupe, por lo que le dije a la señora, que hablara a la policía, no era normal que nada más se hubieran ido. Al menos a mí, Lupe me hubiera dado razón, contesté a su acusación de que probablemente se habían ido con algún albañil de la zona, o con algún sujeto del Tinder. Se sabía que varias tienen sus citas así, por lo que en lugar de recibir ayuda nos llamaron putas.

III

De acuerdo a Elisa, fue Naomi Rojas, la jovencita de redondo cuerpo de donde trabaja, quien al enterarse, contrario a lo que yo creía de ella, de manera amable y sin preguntar a sus padres, que viajaban y rara vez estaban en casa, nos ayudó a llamar a la policía. por lo que esta tarde anduvieron varias patrullas dando vueltas por el fraccionamiento. Solo fuimos la Norma, que en realidad la manda su patrona para que le cuente santo y seña; la Elisa y yo las que nos atrevimos a decir lo que sabíamos que no era mucho, pero incluso la Norma, ya anda repitiendo lo mismo que las señoras, que quizás conocieron a alguien en Tinder y eso no significaba necesariamente que algo malo les había sucedido.

Pero es que si no dónde están, me dijo cuando le reclamé su declaración. Ninguna de las patronas de Lupe o Soco quiso abrir si quiera la puerta para contestar las preguntas de los oficiales. Estos, antes de levantar el acta de desaparición, dijeron estar obligados a buscar noticias con sus familias, pero nadie sabía mucho, ni sus apellidos pudimos dar. Sólo sabía que Lupe era de Colotlipa, un pueblo en Guerrero y Soco de Ciudad Guzmán. Se fueron sin dar esperanzas. Advirtiendo el uso de redes sociales para concretar citas, ya que era la principal línea de investigación.

IV

Después de una semana de relativa calma pensé que todo había terminado; pero ahora han encontrado un cuerpo de mujer en el campo de golf del residencial. El encargado de descubrirla fue el jardinero, que según lo que me cuenta Elisa, podría terminar incriminado: no tiene abogado y el club ya le dio la espalda.

Me dijo que algunos de sus compañeros andaban haciendo una colecta. El cuerpo hallado resultó que no era de ninguna de mis amigas, sino el de la nueva niña, que había sustituido a Soco. Dijo Elisa, que luego sabe todo porque es prima de uno que trabaja en el club de golf, que de no haber sido por Cristina, la muchacha de enfrente de los Esqueda, amigos íntimos de nuestros patrones, que fue la única a la que le importó la ausencia y temiendo lo peor buscó reconocer el cuerpo, dijo que efectivamente se trataba de Esmeralda, la niña que no tenía ni dos semanas con los Esqueda. Nosotras, aunque nuestros patrones son cercanos, no teníamos idea de su existencia, apenas estuvo dos semanas.

V

Tanto Elisa, Lupe, Soco, Norma y yo nos hicimos amigas debido a que nuestras patronas eran bastante íntimas.

Según supe por Lupe, que era la que más años llevaba, el grupo de las señoras se formó desde que sus hijos iban al kínder, todos a la misma escuela, donde se quedaron a cursar también la primaria, secundaria y preparatoria, que fue cuando yo llegué, hace ya tres años. Ya cuando todos tenían sus carros y los jóvenes se comportaban más indiferentes.

Lupe y Soco afirmaban que querían a los suyos como si fueran sus propios hijos, los habían visto crecer y habían estado presentes en casi todos sus momentos significativos. Soco dijo que los amaba; pero a mí, los dos hijos de la señora de donde trabajo siempre me han dado igual.

VI

El caso de Esmeralda, la niña que encontraron en el campo de golf, fue conocido por la prensa amarillista como: ‘La devorada de Zona Dorada”, según el reporte del forense que se hizo público, había sido mordida indiscriminadamente por al menos dos perros.

VII

El procurador del estado dijo esta mañana que debido al lugar y las condiciones en las que se encontró el cuerpo era posible pensar que se había tratado de un ataque esporádico de los animales, pero, por la forma en que habían encontrado el cuerpo de Esmeralda, era imposible sacar de sus líneas de investigación la posibilidad de que el o los responsables del asesinato fueran residentes del fraccionamiento.

Apenas acabaron las palabras del procurador y los vecinos no tardaron en organizar una junta para dar respuesta. Según Normita, que su patrona luego la trae para todos lados, esa vez le dijo que dentro de la invitación habían sido claros en no llevar a ninguna clase de “personal de apoyo”. Lo cierto es que esa noche de sábado el fraccionamiento pareció muerto, de no ser por el carro rojo que anduvo rondando de manera misteriosa.

Tras estarle dando vueltas en mi cabeza, con ansiedad de hacer algo, vi un video de cómo usar y bajé en mi teléfono el dichoso Tinder para investigar quién las pudo haber citado. Aguantándome la pena, subí mis fotos reales, bueno, quizás con un poco de filtros, pues para mis fines había que llamar la atención pero no importa. También le pedí a Elisa que hiciera lo mismo, debíamos encontrarlas y por algún lugar había qué empezar.

VIII

Ya no supe a qué hora regresaron los señores de su reunión, pero esa madrugada, muy tempranito, como a eso de las cuatro, lo digo porque no podía dormir y escuché el escándalo que se traían, llegaron no sé cuántos camiones, en los qué, me contó Elisa más tarde, ya que también estaba ahí su primo, subieron a los empleados del club, los choferes, jardineros, a los albañiles y demás personal de apoyo masculino del residencial para mandárselos al procurador, para que fuera con ellos con los que empezara su investigación; pero así como llegaron los dejaron ir.

También a las puertas del fraccionamiento colgaron una manta en la que se decían indignados y pedían la renuncia del procurador por haber lacerado la honorabilidad de gente destacable.

A las mujeres nos mandaron al club de golf, donde nos hicieron contestar una lista infinita de preguntas sobre nuestro pasado y familia. Tras esto empezaron los despidos, como el de Normis, que a pesar de ser de gran confianza de su patrona, como no tenía parientes cercanos (tenía una vida trágica desde el principio) le dijo que era imposible confiar en ella y la corrieron con lo de la semana.

IX

Hoy apenas dormí pensando en Alessandro Esqueda, de quien Soco siempre habló maravillas y de quién Lupe decía que le gustaba. Su perfil me salió en Tinder. Para mayor sorpresa, descubrí en su segunda fotografía, que era el dueño del carro rojo que había visto rondando.

Sentí un calosfrío al momento de mi deducción. Lo conozco, es amigo de los jóvenes Del Campo, podría calificar de amable, es de los pocos que cuando llega da los buenos días, pide las cosas por favor e incluso un podría decir que es un poco coqueto, por lo que creo los rumores del amorío con Soco y probablemente con la Lupe también. Es hijo de la magistrada Ibargüen y un diputado estatal.

Con un poco de pena, pero siguiendo mi corazonada, le doy que me gusta, pues si da también el me gusta, me resultaría el principal sospechoso. Un monstruo que en verdad lejos está de parecerlo. Por eso dudo que sea él quien se encuentra detrás de todo.

Le cuento a Elisa y le pido que por favor lo busque y haga lo mismo. Ella responde que claro que le da like y le respondo que nosotros no le interesamos a ellos, que no fuera hacer ninguna tontería, ya que había cada bruta. A lo que me responde que Soco y él se acostaban y que él estaba enamorado de ella.

Elisa también dice que estaba casi segura que había sido por culpa de esto, por Soco que el dichoso niño Esqueda, terminara con Naomi. La misma señorita para la que trabajaba y quien nos había ayudado a contactar a la policía. Según la propia Elisa el engaño con Soco había sido la razón del descuido físico de ésta.

X

La verdad es que soy una persona que casi no sueña; pero la pesadilla que tuve anoche fue bastante clara. Antes de dormir, chequé mi Tinder y para mi desgracia, había hecho match con el tal Alessandro Esqueda. También le dije que sí a otros, digamos, del mismo perfil, pero ningún otro me había dado que sí, sólo él.

En mi sueño estaba yo en a mitad de la carretera, donde, de repente, me empiezan a perseguir los enormes perros de la tal Naomi, Max y Duque. Luego ahí estoy, corre que corre, cuando volteo a ver si ya están lejos, veo que en lugar de estos se encuentra el mismo carro rojo del tal Alessandro.

De veritas que sentía miedo; pero eso no impedía que, aunque siguiera corriendo, volteara al auto, quería reconocer al conductor, pensé en el sueño que vería al tal Alessandro, pero cuando distingo veo al volante a una desquiciada Naomi Rojas, la joven con la que trabaja Elisa, con sus perros de copiloto; así como a Esmeralda, Lupita y Soco en el asiento de atrás.

XI

Cuando desperté, lo primero que hice fue revisar mi Tinder, donde para mis sospechas, el único mensaje que tenía era un hola tímido de Alessandro, por lo que pensé seguirle el juego hasta atraparlo. Me escribí con Elisa, a la que pedí también que lo provocara, debíamos llegar al fondo.

Así, ambas estuvimos platicando con él. A las dos nos aseguró que sentía debilidad por las chicas como nosotras, pero que en persona le daba pena. En ese momento, le pedí a Elisa que fuera directa, dijo que sí, pero pronto dejó de contestar, así como le dejaron de entrar los mensajes y las llamadas.

Pasaron casi dos horas en la misma situación, cuando el tal Alessandro en el chat empezó a hablar de mis amigas. Con miedo, me empezaron a temblar los dedos, le pregunté si sabía algo de Elisa. A lo que me contestó que había apagado su teléfono porque no dejaba de sonar, pero que estaba en el patio de los Rojas jugando con los perros.

Como loca, salí corriendo. Desesperada y pensando si no era víctima de paranoia, toqué el timbre. Tardando un poco y con la mirada perdida, abrió en bata la puerta Naomi, que sin preguntar nada me hizo pasar.

Más tranquila, por la actitud indiferente de la joven, que parecía se acababa de bañar, aparece en camisón blanco, lentes, dos coletas y sin maquillaje, por lo que es imposible no notar el profundo deterioro de su belleza. Noto, como decía Elisa, que de manera acelerada su cara perdido brillo bajo sus enormes cachetes. Siento aún más lástima, cuando le veo el rostro lleno de pequeñas manchas rojas como sangre seca. Me acuerdo de mi Soco

Pensé que me conduciría a la cocina a esperar, lugar a donde siempre nos mandan; pero insistió en que fuera de inmediato a buscar a Elisa a su cuarto. “No ha de haber escuchado”, señaló la puerta del jardín que había que atravesar para llegar a la pequeña recámara de mi amiga. “Anda, Elisa tiene llaves.”, me dijo empujándome para salir de inmediato al jardín. Cerró por dentro y noté que la puerta no tiene chapa en la parte exterior.

Apenas doy unos pasos y los perros, desamarrados. Duque y Max, se percatan de mi presencia. Alzan sus hocicos, que veo rojos, por un momento pienso que quizás beban agua de jamaica, pero distingo también vísceras crudas que les cuelgan en las comisuras. Volteo al piso y distingo una pierna de mujer a un lado de un zapato de plástico, que no tardo en distinguir como de Elisa.

Me regreso, empujo y pateo la puerta, grito con todas mis fuerzas, pidiendo ayuda a Naomi. Aún mi cabeza no comprende del todo lo que pasa; pero es hasta que sale la dichosa Naomi por el balcón que da al jardín y grita: “¿Con qué a ti también te gusta Alessandro, verdad putita?”, que comprendo las razones.

Le ruego que me abra, que se trata de un mal entendido, que no quiero nada con Alessandro, que sólo quería saber sobre mis amigas. Prometo que me iré y que nunca diré nada; pero sólo escucho una carcajada y mi setencia:

—¡A la zorra, muchachos! —ordenó a los perros seguido de un estruendoso chiflido.

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