Cada vez que se exhibe una chingadera de Morena, no tarda en aparecer cualquier idiota con la misma pregunta: “¿Entonces quieres que vuelva el PRIAN?”.
La respuesta es no. Quiero que dejes de defender a las ratas prianistas que ahora proteges sólo porque se vistieron de guinda.
Criticar a Morena no vuelve decentes al PRI ni al PAN. Tampoco recordar la enorme corrupción de los prianistas convierte a Morena en honesta. Una mierda no limpia a la otra.
Muchos chairos parecen incapaces de comprender algo elemental: los gobiernos corruptos no se absuelven entre sí sólo porque se turnan para señalarse.
El gran truco engañapendejos de Morena consistió en presentarse como una nueva moral mientras llenaba sus filas y su gobierno con los mismos priistas, panistas y perredistas de siempre. Cambiaron de playera, no de mañas. Aprendieron a decir “pueblo”, “transformación” y “superioridad moral”, pero conservaron sus mismos valores de mierda: el nepotismo, el clientelismo, los privilegios, el encubrimiento y la corrupción.
Ahí están Adán Augusto, Ricardo Monreal, Marcelo Ebrard, Alfonso Durazo, Manuel Bartlett, Alejandro Murat y hasta los Yunes: políticos formados en los partidos que Morena asegura haber derrotado, ahora reciclados como próceres de la transformación.
Morena no acabó con el PRIAN: lo afilió. Y la sumisión a López Obrador bastó para absolverlos políticamente de toda su corrupción. ¡Qué hijos de puta!
Pero el problema no son solamente los políticos. También es la gente que cree que su obligación ciudadana consiste en defender la misma mierda prianista vestida de guinda.
Nuestra tarea como ciudadanos nunca debe ser amar, creer ni justificar a quienes gobiernan. Es, sin importar el partido, vigilarlos, criticarlos, exigirles cuentas y sacar a la luz su mierda cuando traicionan los supuestos valores que dicen representar.
Un político que vive como rey a costa del dinero público no merece fe: merece una crítica feroz. Ése debe ser el precio de su vida privilegiada.
Quien perdona cualquier abuso porque “antes robaban más” no está evaluando un gobierno: está defendiendo a su ladrón favorito, ése que lo engaña con palabras y unas cuantas migajas. Y quien recibe una beca, una pensión o cualquier apoyo público no queda obligado a entregar a cambio su conciencia, su voto ni su silencio.
Criticar a Morena no le quita lo culero al PRIAN. Le quita el disfraz a Morena.
El PRIAN no necesita regresar: nunca se fue. Sólo se puso una playera guinda, aprendió a decir “primero los pobres” y encontró nuevos pendejos dispuestos a aplaudirle las mismas viejas mañas.

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