Liz Vilchis: una mierda humana con micrófono

Para darse cuenta basta leerla un poco o escucharla tan sólo unos segundos.

Tan mierda es que para AMLO no hubo mejor perfil que ella para encargarse de las descalificaciones durante la mañanera. Liz Vilchis no tiene un ápice de rigor, independencia ni pudor.

Su tarea nunca fue verificar mentiras, sino darle apariencia de periodismo al linchamiento oficial. Por eso resultó perfecta para el puesto: obediente, muy limitada intelectualmente y lo bastante vulgar como para creer que exhibir críticos era hacer comunicación pública.

Ahora, con los viejos tuits que se retomaron, quedó expuesta otra vez: clasista, misógina, gordofóbica, oportunista y vulgar. No son errores aislados ni juventud mal escrita: son una radiografía moral. Ahí aparece lo que siempre ha sido: una persona sin educación emocional, sin altura ética y sin el menor respeto por aquello que dice defender.

Aunque lo peor no está en su pasado, sino en su presente. Ahora, teniendo micrófono, ha decidido mostrar con más claridad el asco de persona que es. El caso más miserable fue insinuar sin pruebas contra Grecia Quiroz, una mujer atravesada por el asesinato de su esposo. No le bastó el dolor ajeno: tuvo que embarrarlo.

Claro que no investigó: embarró la mierda que amana de su persona. No probó: sugirió. No informó: lanzó sospecha.

Eso no es periodismo. Es vil carroña. Y ni su ética ni su capacidad intelectual le dan para más que eso: para convertir su garganta en drenaje de donde solo sale mierda.

Liz Vilchis no es una comunicadora incómoda, ni una periodista crítica, ni una voz del pueblo, ni víctima de sus tuits viejos. Liz Vilchis es una mierda humana con micrófono.

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