Fernando Farías Laguna teme regresar a México, y cómo no. Los muertos alrededor del huachicol fiscal nos despiertan el “sospechosismo”. La defensa del contraalmirante asegura que hay, por lo menos, ocho personas desvividas.
Su miedo parece bastante razonable, y más cuando el gobierno sólo acumula evasivas alrededor del caso.
No sabemos si detrás de todas esas muertes estuvo la misma mano. Precisamente eso tendría que investigar y explicar la FGR; pero, claro, eso no le interesa a la oficialía de partes.
Entre los muertos está el contralmirante Fernando Rubén Guerrero Alcántar, quien denunció la red antes de ser ejecutado. También Abraham Jeremías Pérez Ramírez, cuya muerte fue presentada como suicidio —aunque circula en redes la versión no confirmada de que tenía dos disparos—, y Adrián Omar del Ángel Zúñiga, quien supuestamente murió durante una práctica de tiro.
La trama parece una película de gánsters. Hay demasiadas coincidencias, pero la FGR aduce no tener pruebas y sólo parece trabajar para deslindar al junior de AMLO, mencionado indirectamente en al menos dos testimonios relacionados con la red.
¿Cómo no va a tener miedo Fernando Farías? Y no es el único: también está el miedo del gobierno ante la posibilidad de que hable.
En los testimonios de la investigación aparecen referencias indirectas a “Andy” y al “hijo del Presidente”. También se describe la cercanía de un operador portuario con Adán Augusto. Eso no demuestra culpabilidad, pero sí obliga a investigar. Sin embargo, cuando los nombres se acercan demasiado a Morena y a la familia López, la FGR descubre de pronto la prudencia, la insuficiencia de pruebas y el debido proceso.
Fernando Farías debe regresar vivo, ser juzgado y, sobre todo, hablar. El Estado tiene la obligación de protegerlo, no por consideración hacia él, sino porque varios de los muertos alrededor del caso se llevaron información que México necesitaba conocer.
Nueve muertos después y que la FGR se apresure a deslindar a Andy sin siquiera investigarlo ya no parece cautela: parece protección.

Deja un comentario