La lista negra de enemigos de Morena

Lo más hermoso de esta situación ha sido ver a la presidenta Sheinbaum atrapada por sus propias palabras. Ella dijo que hacer listas de personas por sus posiciones políticas era propio del nazismo y del macartismo. Ahora su gobierno, ese que quién sabe por qué se cree moralmente superior, hizo exactamente eso.

Luisa María Alcalde presentó el 12 de agosto, desde Palacio Nacional, una lista de enemigos a la que llamó “ecosistema digital”. En ella aparecieron periodistas, medios, organizaciones y opositores. Es decir: todos los que no piensan como ellos y no se venden.

No la llamó lista negra, por supuesto. En Morena nunca hacen chingaderas: les ponen nombres amables.

No censuran, no persiguen, no señalan enemigos: sino que protegen audiencias, ejercen derecho de réplica, hacen análisis de conversación. Háganme el chingado favor.

Luisa María Alcalde, que como opositora hacía videítos donde denunciaba la censura y acusaba al poder de querer callarlos, ahora usa el aparato del Estado para exhibir críticos desde Palacio Nacional. No desde una cuenta personal. No desde una mesa de debate. Desde el gobierno, utilizando recursos públicos y toda la maquinaria de propaganda oficial.

Estos imbéciles creen que todo México es igual de pendejo que los chairos que les aplauden cualquier miseria.

El fondo es muy sencillo: un gobierno democrático responde con datos. Un gobierno autoritario clasifica personas, las exhibe públicamente y luego finge que sólo estaba explicando un fenómeno digital. Cuando desde el poder se muestran nombres de periodistas, medios y opositores, el mensaje no es informativo: es intimidatorio.

Desde que eran PRD, y luego Morena, se pasaron años diciendo que luchaban contra el autoritarismo. Pero quedó claro que no luchaban contra el autoritarismo: luchaban contra no ser ellos quienes lo ejercieran.

Apenas llegaron a Palacio Nacional descubrieron el placer de señalar desde arriba. Ahora ellos clasifican, ellos reparten condenas, ellos deciden quién es enemigo, quién es traidor, quién es parte de una campaña y quién merece ser exhibido ante sus seguidores.

La hipocresía es perfecta: cuando otros hacían listas, era fascismo; cuando ellos las hacen, es análisis democrático.

No quieren debatir. No quieren desmentir. No quieren una prensa crítica. Quieren obediencia, silencio y que nadie les cuestione la miseria que practican todos los días, siempre con ganas de superarse en ser cretinos ante el pueblo.

La lista negra de Morena no revela una conspiración contra el gobierno. Revela algo mucho peor: el miedo del gobierno a cualquier voz que no puede controlar.

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