TV Azteca, El Universal, Reforma: no se les paga porque no se venden

En una de esas exhibiciones de torpeza que sus aduladores llaman humanismo, la flamante presidenta de México quiso insultar a los medios críticos y terminó confesando cómo entiende la relación entre prensa y poder.

Dijo que algunos medios la critican porque ya no reciben chayote. La frase pretendía desacreditarlos, pero hizo algo mucho más grave: puso sobre la mesa la conexión entre dinero público y línea editorial.

Si un medio critica porque ya no recibe dinero, entonces habría que preguntarle a la presidenta cómo debemos llamar a los medios que sí reciben dinero y aplauden. Si la falta de pago explica la crítica, el pago explica la obediencia.

Ahí está la confesión: TV Azteca, El Universal, Reforma y otros medios incómodos están dando una lección de dignidad política. No porque sean santos. Tienen dueños con intereses, errores editoriales, excesos, agendas, pleitos empresariales y contradicciones. La libertad de prensa no se defiende porque los medios sean puros, sino porque el gobierno no tiene derecho a decidir quién merece hablar, ni mucho menos qué debe ser aceptado como verdad.

Ahora el poder exige obediencia para reconocer derechos. Si un medio no se arrodilla, lo acusan de campaña sucia. Si una televisora incomoda, piden no verla. Si un periódico investiga, dicen que miente. Si un columnista exhibe abusos, desde la palestra mañanera lo señalan como parte de la derecha para que la maquinaria oficial haga el resto.

El truco es viejo: no responder la información, sino ensuciar lo más que se pueda al mensajero.

Pero esta vez la presidenta fue más lejos. Al decir que los medios críticos sólo atacan porque ya no reciben chayote, exhibió el mapa moral de su gobierno: hay medios que no se someten porque no los pueden comprar, y hay medios que se presentan como independientes mientras esperan cobrar por bajarse el calzón y arrastrar la dignidad.

Un medio no vendido no es el que jamás recibe dinero público. Un medio no vendido es el que no le entrega su línea editorial al gobierno que firma el cheque.

Vendido es el que descubre la ética exactamente el día de cobro; el que llama “información” al boletín oficial y “campaña de odio” a cualquier crítica contra sus nuevos patrones.

Por eso les molesta tanto TV Azteca. Por eso les molesta El Universal. Por eso les molesta Reforma. No porque sean impecables, sino porque no obedecen. No porque sean la conciencia de la nación, sino porque todavía pueden decirle al poder que miente.

Y eso, para un gobierno con vocación de censura, resulta intolerable.

Morena quiere una prensa “ética”, pero en su idioma ética significa obediencia ciega. Quiere medios “responsables”, pero responsables ante el gobierno, no ante los lectores. Quiere combatir la desinformación, pero se reserva el privilegio de decidir qué es información y qué es campaña.

No buscan periodistas: buscan quién les lama el culo.

La prensa libre no consiste en que los medios nos caigan bien. Consiste en que puedan incomodar al poder sin que el poder use el atril presidencial para perseguirlos, amenazarlos, descalificarlos o arrojarlos al paredón moral de sus seguidores.

El problema no es que TV Azteca, El Universal o Reforma critiquen. El problema es que la presidenta crea que toda crítica tiene una tarifa.

Eso dice menos de los medios que de ella.

Porque quien cree que toda opinión se compra, probablemente gobierna rodeada de gente que ya se vendió.

La confesión no fue que algunos medios extrañan el chayote. La confesión fue mucho peor: para este gobierno, la prensa es una nómina. Al que cobra y aplaude lo llama responsable. Al que incomoda lo llama vendido. Al que no puede comprar lo llama enemigo.

Por eso le estorban tanto los medios que no se arrodillan.

No se les paga porque no se venden.

Deja un comentario