Si no es miserable, no es de Morena

Morena posee una habilidad admirable: comete una bajeza y enseguida la bautiza con una palabra respetable. A la propaganda la llama información; a la censura, protección de las audiencias; a la precampaña, defensa de la soberanía; y al dinero público, regalo de la presidenta.

Esta semana, el ignorante de Mario Delgado anunció que los niños recibirán 2,500 pesos para útiles y uniformes “que nuestra presidenta les manda”. ¡Qué generosa presidenta! Me imagino a Claudia Sheinbaum abriendo su monedero y desprendiéndose de sus ahorros. Pero no manda un solo peso. El dinero sale del presupuesto público: es de los mexicanos.

La miseria no está en entregar la beca, sino en apropiársela; en convertir un programa social en limosna, a la presidenta en benefactora y a los niños en pequeños deudores electorales. Un gobierno digno dice: “Esto te pertenece”. Uno miserable susurra: “Recuerda quién te lo dio”.

Si no es miserable, no es de Morena.

Mientras tanto, el junior sin talento de Andy López Beltrán recorre casa por casa las 170 secciones electorales del distrito de Tabasco que pretende representar. Reparte Regeneración, el periódico propagandístico de Morena, financiado en buena medida con dinero público y rodeado de irregularidades.

Andy toca puertas, reparte propaganda y busca simpatizantes, pero Ariadna Montiel asegura que no hace campaña: “combate la desinformación” y defiende la soberanía.

En México, acabamos de enterarnos, la soberanía nacional se defiende recorriendo exactamente el distrito que uno pretende representar. Si lo hace un adversario, es campaña anticipada; si Andy toca las mismas puertas, es defender la soberanía. La diferencia no está en los hechos, sino en el apellido y el partido.

Si no es miserable, no es de Morena.

El mismo gobierno pretende ahora que los medios adopten códigos de ética y se abstengan de difundir información “falsa” o “descontextualizada”. Y, por supuesto, será una autoridad dependiente del Ejecutivo la que termine decidiendo qué está suficientemente contextualizado.

Pero así actúa la miseria: su periódico partidista es información; sus mañaneras son verdad; sus recorridos electorales son pedagogía. En cambio, una investigación periodística que exhiba sus abusos puede convertirse inmediatamente en mentira, calumnia o campaña de la derecha.

Los políticos no quieren que nada amenace su privilegiada vida y están dispuestos a recurrir a cualquier método para conservarla.

Lo miserablemente perfecto ocurrió esta semana. Para defender sus lineamientos contra la información “descontextualizada”, Sheinbaum presentó un fragmento de Sergio Sarmiento precisamente fuera de contexto. Conservó la frase en la que decía que los medios mienten deliberadamente y eliminó convenientemente el resto de su argumento: que por eso hacían falta buenas leyes contra la calumnia y la difamación, no un gobierno dedicado a censurar.

El gobierno que pretende decidir qué está descontextualizado comenzó su defensa descontextualizando.

Al día siguiente, el lamehuevos de Vicente Serrano acudió a la mañanera a desquitar el chayote que trae atorado hasta el culo. No fue a interrogar al poder, sino a entregarle las nalgas con los nombres de quienes lo critican. Mencionó a Sergio Sarmiento, Ciro Gómez Leyva, Raymundo Riva Palacio, Loret de Mola y otros periodistas incómodos.

Riva Palacio había publicado que la Presidencia ordenó apoyar jurídicamente a Israel Vallarta para demandar a Loret y Ciro. Sheinbaum lo negó; Riva Palacio sostiene que su información procede de varias fuentes. Mientras no aparezcan pruebas, la acusación seguirá en disputa. Lo miserable no fue que la presidenta negara la historia —está en su derecho—, sino que convirtiera el desmentido en un acto de escarnio desde Palacio Nacional.

Sheinbaum dijo que en los medios “se miente”, calificó la información de Riva Palacio como “ficción inventada” y atribuyó las críticas periodísticas a que ya no reciben chayote.

Más que un insulto, fue una confesión involuntaria. Si los medios que no reciben dinero del gobierno lo critican porque extrañan el chayote, ¿cómo debemos llamar al dinero público que sí reciben los medios que lo defienden?

Al intentar desacreditar a sus críticos, la presidenta puso bajo sospecha a todos sus aliados mediáticos. Ella misma estableció la relación: publicidad oficial a cambio de docilidad. A quienes no reciben dinero los llama resentidos; a quienes lo reciben y aplauden, periodistas independientes y alternativos.

El chayote no desapareció: cambió de manos. Y ahora lo reparten desde Palacio con presupuesto público y miserablemente vendiéndolo como superioridad moral, cuando solo denotan lo miserables que son.

La coreografía es de ignominia para la gente con ética: el periodista servil pone los nombres, la presidenta pone la condena y el aparato oficial pone el amplificador.

Serrano, puesto en posición de perrito, se presenta como periodista independiente, aunque en mayo utilizó el mismo micrófono para pedir que se “replanteara” la publicidad oficial en favor de los medios alternativos que, según él, dan la batalla por el gobierno.

Independiente del periodismo; pendiente del presupuesto.

No quieren periodistas que vigilen al poder. Quieren periodistas que le alcancen las piedras.

Y sí, si no es miserable, no es de Morena.

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