El petróleo “humanitario” que sostiene una dictadura inhumana

Aunque últimamente en México nos ha dado por mostrar que somos muy amigos de las dictaduras y dictadores, al menos deberíamos tener la honestidad de no llamar a la ayuda que México le da a estos regímenes como humanitaria.

Es muy evidente que cuando se envía petróleo a Cuba, no se auxilia a un pueblo: se fortalece a un régimen totalitario que vive del control, la censura y el miedo.

La frase “razones humanitarias” suena de una nobleza bárbara, casi intocable. ¿Quién en su sano juicio puede oponerse a la ayuda humanitaria? El problema es que México no le regala petróleo al pueblo cubano: se lo regala al Estado cubano.

Y el Estado cubano no es una ONG, ni una institución neutral, ni mucho menos un intermediario benévolo. Es un aparato militar represivo que lleva más de seis décadas encarcelando disidentes, persiguiendo opositores, censurando la prensa y negando libertades básicas. Pensar que ese petróleo “alivia el sufrimiento” es, como mínimo, una ingenuidad.

El petróleo no es un bien abstracto. Es poder, control y capacidad para poder mantener funcionando: al ejército, a la policía política y a la maquinaria de vigilancia, es decir al aparato estatal. Cuando PEMEX envía petróleo a Cuba no está salvando ninguna vida: está prolongando la existencia de un régimen que de nada sirve mas que para causar sufrimiento y que se sostiene precisamente de ese tipo de apoyos externos.


¿Qué pasaría si México deja de enviar ese petróleo ?
La respuesta es evidente: el costo político del control interno para dictadura cubana aumentaría. El régimen tendría que elegir entre reformarse o colapsar. Pues justo eso es lo que estas “ayudas humanitarias” evitan cuidadosamente, que no caiga la dictadura. Un bastión ideológico al explota cada político «progre buena ondita».

En estos 7 años el gobierno mexicano se ha vuelto experto en utilizar el lenguaje moral para justificar alianzas con gobiernos dictatoriales. Se habla de soberanía, de no intervención, de solidaridad histórica —mismos valores con lo que se limpian la cola si la ideología lo necesita—; pero, no mamen: ¿Solidaridad para financiar la continuidad de una dictadura?

Mientras el gobierno mexicano se alza cuello por el mundo, presumiendo su compromiso con los derechos humanos, financia con recursos públicos la estabilidad energética de un régimen que viola esos derechos de manera sistemática. Esto no es neutralidad, es complicidad.

Y como si el cinismo político no bastara, el cómo se envía ese petróleo revela la verdadera naturaleza del negocio. PEMEX no opera con transparencia, ni mediante transferencias auditables, sino a través de estructuras jurídicas intermedias, una S.C. que permiten diluir responsabilidades, eludir controles y oscurecer la ruta del recurso público.

Por eso no hay información clara sobre precios reales, pagos efectivos, condonaciones o impacto financiero para la empresa; tampoco existe un control legislativo serio ni una rendición de cuentas proporcional al tamaño de la operación. Ese diseño no es casual y bien sabemos que cuando una política pública necesita esconder su contabilidad, su justificación y su trazabilidad, deja de ser cooperación internacional y se convierte en corrupción estructural: uso de recursos del Estado para fines ideológicos, sin beneficio público verificable y con daño patrimonial para México, todo bajo el disfraz retórico de la ayuda humanitaria.

Llamar “humanitario” al envío de petróleo a Cuba no lo convierte en tal.
Basta usar la lógica para llegar a esta conclusión: la ayuda que en verdad es humanitaria no fortalece cárceles, no alimenta policías políticas y no mantiene dictaduras a flote. Cuando lo hace, deja de ser ayuda y se convierte en respaldo ideológico.

Morena no está del lado de los oprimidos cubanos. Está del lado de quienes los gobiernan a punta de miedo y escasez. Y eso, por más retórica, no es solidaridad: es financiar la supervivencia de una dictadura inhumana con recursos públicos mexicanos.

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