Uno de mis personajes más entrañables de la literatura es este arcángel, al que vemos en el Apocalipsis derrotar al diablo mismo.
En el pueblo de mis abuelos, Acambay, Estado de México, cuando niño, algunos me llamaban «Miguelito». Había nacido el día de la fiesta patronal más importante de ahí, el día de San Miguel y sin cuestionarlo daban por hecho que era alguno de mis nombres. Supongo que cada vez menos, pero en Acambay en 1986, aún era bastante común bautizar con ayuda del santoral. Ahí nadie, la verdad, se acuerda ni de Rafael y Gabriel, los otros dos arcángeles que se celebran el mismo día.

Parroquia de San Miguel Arcángel, Acambay
Mi madre fue quien me despejó la duda y me habló de san Miguel y de sus hazañas. Me hizo reconocerlo en infinidad de imágenes, con trinchete o espada, pero en todas derrotando al diablo. Me dijo, que por mi fecha de nacimiento él, ese duro, el mero mero de todos los ángeles, era mi guardián, que era a él a quién yo debía pedir y él me ayudaría. En ese entonces lo hizo el símbolo de mi fe y a quien hoy, además de mis ancestros, es la justificación de mi suerte.
Aunque estoy seguro de que la suerte sólo es perspectiva y se tiene aún más cuando uno es agradecido. Quizás soy un poco paranoico, pero que las cosas no salgan tan mal como en potencia pueden pasar, lo considero como una bendita suerte. Bendita suerte de no ser yo o alguno de mis cercanos las personas de las que hablan en las noticias. Bendición que en este país se ha vuelto inexplicable y a veces no me queda más que atribuir a ese símbolo, al ángel guardián que se dice que todos tenemos.
San Miguel no me ha dejado, al contrario, me guía. En 2020 me mudé al pueblo mágico de Atlixco; hermosa pequeña ciudad que se distingue por el icónico Cerro de san Miguel, en cuya cima hay una pequeña capilla dedicada al Arcángel y también es día de gran fiesta.

San Miguel también está en Cervantes, quien se llama precisamente Miguel, por haber nacido también un 29 de septiembre. Ángel manco al que también rezo y creo como en pocas cosas.
Es por eso, que desde hace algunos años, en mi cumpleaños he convertido la canción San Miguel Arcángel de Liliana Felipe, porque debe ser esa versión y no ningún otra, en mis segundas mañanitas. Las primeras son las tradicionales, pero con Pedro Infante, quien desde mi punto, es la mejor versión. Una forma de hacerlo presente, agradecer por el año que se va y de pedir bendiciones para el que comienza.

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