¿Flannery O’Connor vivió en Lagos de Moreno?

A pesar de que tengo muchas lecturas pendientes, regresé al primer libro de cuentos de Flannery O’Connor, Un hombre bueno es difícil de encontrar (1955), uno de los máximos exponentes de lo que se reconoce como gótico sureño y auténtico gozo.

Esta lectura, donde la bondad es una carencia y el mal lo natural, es una ventana a ver el lado más miserable del ser humano. La mayoría de personajes que habitan los cuentos de Flannery no encuentran motivos en su actuar mas que un profundo egoísmo, así como placer en el mal.

Hoy hablaremos solo del relato que abre la colección y da título a la obra, es uno fulminante y realmente poderoso y perturbador.

El cuento empieza con que una familia de cinco, dos padres y tres hijos, uno es un bebé de meses, así como la abuela, que están a punto de emprender un viaje a Florida.

Antes de partir la abuela, personaje sobre el que se construye el cuento, leyendo el periódico advierte sobre que «El Desequilibrado» escapó de una cárcel de Florida, así como tampoco muestra interés por regresar a un lugar donde ya han estado antes.

Durante el viaje en carretera, la abuela habla de una casa abandonada que fue de unos conocidos, donde ha escuchado historias de que dentro se esconde un tesoro. Convence a los niños y los niños al padre, que aceptar regresar para desviarse sobre un camino de terracería.

Camino sinuoso que hará que el coche de un salto y se descomponga. Están a mitad de la nada, pero pronto ven una camioneta con tres hombres. La abuela, por informarse, por leer el periódico, reconoce al Desequilibrado.

«—¡Usté es el Desequilibrado! ¡Lo he reconocío na más verlo!
—Sí, señora —dijo el hombre, que sonrió levemente como si estuviera satisfecho a pesar de que lo hubieran reconocido—, pero habría sido mejor pa todos ustedes, señora, que no me hubiese reconocío.»

Flannery O’Connor, Un hombre bueno es difícil de encontrar

Ésta será la sentencia de muerte para la familia. Que tuvo la mala suerte de encontrarse con el Desequilibrado.

Hoy, a 68 años de publicado el libro, los desequilibrados se han multiplicado. Lo perturbador ya no se queda en el texto, se ve desbordado en nuestra realidad: un país de víctimas.

No sólo es Lagos de Moreno, tampoco es todo el país, pero sin duda se han multiplicado los lugares donde el mal y el miedo conviven en cotidianidad. Hoy no nos queda mas que la fe de que nunca sea alguno de los nuestros el que por desfortuna se tope de cara al mal.

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