Siendo sinceros, llevar un blog me ha sido más difícil de lo que pensaba. Una buena publicación lleva su tiempo.
He pensado en infinidad de ideas y empezado a desarrollar otras, que hay que invertirles mucho tiempo, otra de que hay cuestiones íntimas y tampoco se trata de eso. Aunque me encantan, no es un blog de chismes.
Es probable que si no estuviera en el rush de una nueva novela, podría dedicarle más tiempo. Son dos asuntos diferentes y saltar entre texto y texto conlleva cambiar la dinámica y hoy probablemente no hubiera querido escribir aquí, pero me propuse publicar los miércoles. No hay pretextos conmigo. Así como una vez a la semana es más que suficiente y quizás si hay algo más light, cualquier otro día.

Con el blog me pasa como al protagonista de El libro vacío, novela de Josefina Vicens, publicada en 1958, que ahonda en la incapacidad de escribir, de nombre José García. Él tiene dos cuadernos, uno con sus notas y angustias, que es el que leemos y otro vacío donde, según, algún día pasará en limpio lo que ha escrito.

El protgonista, se la pasa pensando en qué será tan importante cómo para plasmarlo.
Pero lo que sucede es que en cada «entrada», que en este caso sería, cada vez que sienta a escribir, José García nos va revelando quién es. Auxiliar contable de 53 años, casado y padre de dos hijos, José, joven de menos de veinte y Lorenzo, el pequeño que parece que es el único que cree en su padre.
José tiene un horario de trabajo infernal, ha dejado de convivir con su familia por encerrarse a escribir una novela. Tiene un sueldo modesto que lo hacen ser de clase media urbana. De carácter es un flan. Un pasajero de la vida conducido por la inercia. Un día se emborracha y es la única forma que pide el aumento que tanto había anunciado. A final de cuentas, el libro habla sobre la mediocridad.
Luego, José García, tiene una amante. Pero Josefina es brutalmente mordaz, ya que el mismo personaje reconoce, que entregarse a estos deseos y placeres, es la forma en que los «hombres inferiores acreditan su virilidad».
La amante resulta ser una mujer interesada que sólo termina por complicar la vida del protagonista, llenándolo de deudas. El final, es fascinante, pues a final de cuentas, José García termina donde empieza, pensando en cómo va a empezar su libro. Pienso en la novela, El color del verano de Reinaldo Arenas, que tiene toda la intención de ser un texto circular.

La novela ganó el Premio Xavier Villaurrutia, dejando en la contienda a La región más transparente de Carlos Fuentes, con lo que se manda el mensaje de que la revolución como tema en la literatura ya había sido agotado.
En fin, nos vemos el próximo miércoles

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