Sólo una vez me atreví a robar libros, fue durante el segundo remate que se llevó a cabo en Auditorio Nacional, por ahí del 2008.
Reinaldo Arenas llegó a mi vida gracias a mi padre, un día, a mi hermana y a mí, nos regaló la novela autobiográfica Antes que anochezca. Un libro por demás conmovedor, pero que supongo ninguno de los dos comprendió del todo en ese entonces.
Yo no me atreví a hablar de él en ese momento, porque algo que sí entendí es que se trataba de una novela que hacía quedar muy mal al gobierno de Fidel Castro, a quién, como buen adolescente, creía un héroe y en ese tiempo preferí no ahondar más, pero la herida ya estaba hecha.
Luego, años después, se organizó un primer remate de libros, apenas había entrado a la universidad, en la que me encontré de nuevo con el nombre de Reinaldo Arenas. Tomé la novela, El color del verano o <<Nuevo Jardín de las Delicias>> y cuando me di cuenta, me había alejado lo suficiente; mi amigo de la universidad que me acompañaba me dijo que lo esperara, yendo por otra copia para él.
Me dijo, que de todas formas era su última oportunidad de ser leídos pues estaban ya condenados a la trituradora. Así que aproveché y tomé los cuentos completos de Julio Cortázar 1 y 2, los de Arreola, Sergio Pitol, de esas ediciones completas de Alfaguara. Justifiqué también mi comportamiento en mi santo de ese entonces, otro ladrón de libros, Roberto Bolaño. La verdad es que nunca más volví a robar algo de esa manera. Incluso tengo la mala costumbre de devolver los libros que me prestan. Aunque el último lo acabé perdiendo. Lo siento, tú sabes quién.
La verdad es que tras haber leído muchos de los tesoros hurtados, la novela de Reinaldo no llamó mi atención. Por casi una década, el libro se volvió un adorno, hasta, tras una mudanza, acomodando el librero, saltó de manera suicida. Se cayó, pues. Lo que ridiculamente y no, interpreté como señal del universo y cuando lo terminé de leer, toda una conspiración. Como dicen, los libros llegan en el momento adecuado.
El segundo encuentro con Reinaldo fue mucho más entrañable, inicié un romance durísimo con las palabras del escritor, que se ha convertido en uno de mis grandes senseis y de quien ya les hablaré mucho más.

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